Bear Creek: Un disco que escucho del tirón

Bear Creek: Un disco que escucho del tirón

Bear Creek: Un disco que escucho del tirón

Portada del Disco Bear Creek,de Brandi Carlile
Aunque soy muy aficionado a las reproducciones en modo aleatorio, cuando escucho un disco por primera vez, me gusta hacerlo en el orden que han elegido para publicarlo. Supongo que en la mayoría de los casos se ha hecho concienzudamente, pensando en una progresión de intensidades o temática; y me gusta preservar eso, por lo menos la primera vez.

Sin embargo, hay pocas obras que resistan esa primera prueba de fuego. Enseguida identificamos los temas favoritos de cada álbum y las canciones que pasamos directamente. Esta sección nace con el ánimo de presentaros discos que, a mi entender, no sólo se salvan de la quema, sino que, además, son tan buenos que hay que escuchar de principio a fin y sin saltarse ninguna pista.

Antes de empezar, merece la pena aclarar que sigo un criterio absolutamente personal. Habrá discos clásicos, otros más modernos, de estilos diferentes y algunos con los que igual la mayoría no coincide, pero que para mí merecen estar en la lista y a los que considero que deberíais dar una oportunidad, si no los conocéis. Asimismo, estaré encantado de leer vuestras propuestas. Igual alguna termina en una de estas entradas.

 

Bear Creek (Brandi Carlile, 2012)

Inauguro la sección con un disco relativamente reciente: tiene menos de cuatro años y es el penúltimo de Brandi Carlile. Curiosamente, la estadounidense recibió su primera nominación a los Grammy por el que ha sido su siguiente (y, de momento, último) trabajo: The Firewatcher’s Daughter; un álbum también muy bueno, pero en mi opinión no tanto como el que hoy os traigo.

Bear Creek (titulado así en referencia al nombre del estudio donde se grabó) se publicó en el año 2012, y fue el cuarto trabajo de estudio de Brandi Carlile. Creo que por aquí no es muy conocida, así que conviene adelantar que es una cantautora de folk-rock estadounidense que bebe, obviamente, del folk americano, y también del gospel, el pop y el rock. Siempre le acompañan Tim y Phil Hanseroth (“Los gemelos” o “The Twins”), que tocan la guitarra y el bajo, respectivamente, y también firman muchas de las canciones. Brandi Carlile es una de las artistas que más admiro. Para mí, una imprescindible. Aunque de eso ya hablaré otro día. Hoy estamos aquí para hablar del disco.

Probablemente, cualquiera de sus trabajos anteriores merecería estar aquí, pero éste me gusta especialmente. Quizá porque es el primero que ha lanzado cuando ya la conocía bien [la descubrí poco antes de que sacará el anterior –Give Up The Ghost (2009)]. Pero también porque en éste se perciben ciertos signos de madurez, tanto en el sonido como en la composición.

Sin perder la sencillez, Bear Creek cuenta con una riqueza instrumental (banjo, mandolina, ukelele, etc.) que ya empezó a explorar en Give Up The Ghost, pero a la vez explota muy bien recursos tan sencillos como las palmas o un bombo solitario. Se atreve más con las guitarras eléctricas, que antes había usado tímidamente y con las que se soltará definitivamente en The Firewatcher’s daughter. Da un giro rockero, sin que el folk deje de ser el eje que vertebra su música.

Muchas veces, los cambios suelen traer desviaciones que no gustan nada a los seguidores. Pero en este caso, cabría mejor hablar de evolución. Y parece que va por el buen camino: enriqueciendo su música sin renunciar a las raíces.

 

51 minutos

Eso es lo que dura el disco (50:56, exactamente). Empieza con unos coros que suenan como el silbido de un tren y se cierra con una instrumentación casi de banda sonora. Entre medias, referencias al más clásico folk estadounidense, toques de blues, algunos detalles de la más pura Brandi Carlile y un “That Wasn’t Me” que demuestra que no necesita más que un piano y su voz para emocionar.

Os dejo el álbum completo (en Spotify) para que le deis al play y disfrutéis. Más abajo escribo un breve comentario de cada canción (en orden, por supuesto) y lo acompaño por el vídeo correspondiente (los comentarios pueden incluir detalles que no se encuentren en los vídeos, si el audio no es el del álbum).

1. “Hard Way Home”

No se podía empezar un disco de una manera mejor: una animosa canción que invita a seguir el ritmo taconeando el suelo. Los coros iniciales recuerdan al silbido de una locomotora, al que se une una maraca que parece el traqueteo del motor de vapor (en el vídeo no está), y una mandolina de fondo.

 

2. “Raise Hell”

Una canción de country blues llena de fuerza para seguir golpeando fuerte el suelo y dando palmas. El segundo corte y ya pone sobre la mesa su vena más rockera: guitarra eléctrica y unos lamentos furiosos a los que, por otra parte, ya nos tiene acostumbrados (siempre gustan). En el vídeos la vais a escuchar y vais a alucinar. ¡Qué fuerza tiene la canción y qué potencia de voz!

 

3. “Save Part of Yourself”

Mantiene la esencia de sus anteriores trabajos. Brandi Carlile tiene la virtud de hacer canciones en las que se le identifica claramente, pero sin resultar repetitiva.

Cautiva desde el principio con ese punteo inicial de guitarra y mandolina que luego acompaña la melodía de la voz. Una melodía absolutamente pegadiza y que transmite muy buena onda, en parte también gracias a los coros.

 

4. “That Wasn’t Me”

Este tema, que fue el primer sencillo del disco, está firmada por Los Gemelos. Al parecer, está inspirada en la adicción y recuperación de un amigo de Carlile. Sin duda la fuerza que desprende acompañada prácticamente sólo por el piano transmite la sensación de ese proceso de reconciliación con uno mismo.

El piano lleva todo el peso instrumental y la voz es magistral. Una melodía que engancha, a pesar de su sencillez (o quizá por eso). Sencilla, pero con mucha fuerza. Se nota la influencia de Elton John, con el que ya colaboró en el anterior disco de estudio (Give Up The Ghost).

 

5. ”Keep Your Heart Young”

Esta canción, que habla del deseo de mantener joven el espíritu a pesar del paso del tiempo y la experiencia adquirida, desprende la más pura esencia del folk estadounidense. Recuerda a los más clásicos Woody Guthrie, Pete Seeger o Bob Dylan. Ideal para ponerse de buen humor.

 

6. “100″

Otro tema que habla del amor perdido (igual que “Save Part Of Yourself”). Éste incorpora el chelo que suele ser habitual en muchas de las canciones de Brandi Carlile, y que también encontraremos en la siguiente canción. La guitarra eléctrica es más comedida aquí, en la línea de lo que hemos encontrado en discos anteriores.

 

7. “A Promise to Keep”

Volvemos a encontrar a la Brandi Carlile habitual (que se mantendrá durante los siguientes temas), acompañada aquí también por el chelo.

 

8. “I’ll Still Be There”

Las guitarras eléctricas son más atrevidas en este tema, con extraños efectos.

9. “What Did I Ever Come Here For”

A estas alturas ya queda poco más que añadir. Aun así podemos destacar la interesante presencia de los instrumentos de cuerda y los pasajes a dos voces.

10. “Heart’s Content”

Una canción que casi parece una nana y que transmite muchísima calma. Como curiosidad, hay que mencionar la referencia a Johnny Cash y June Carter casi al principio.

11. “Rise Again”

Un tema con mucha rabia. Una atmósfera melancólica, pero con un estribillo que tiene muchísima fuerza. Probablemente el mejor estribillo del disco. La guitarra eléctrica y los coros crean una atmósfera que atrapa.

12. “In the Morrow”

Una melodía country muy facilona. Entra muy bien y aligera el final del disco. Si paráis la música después de este tema, no os lo tendré en cuenta (mientras no lo convirtáis en costumbre).

13. “Just Kids”

Puede que la única prescindible. Principalmente por la bajada de ritmo, pero no porque sea mala en absoluto. De hecho, si no la escucháis de vez en cuando, os perderéis un buen tema. Ideal para escuchar con los auriculares puestos, a última hora, cuando nadie os molesta y os queréis evadir un poco.
La intro y el final parecen casi de banda sonora. Las voces dobladas crean una atmósfera un tanto psicodélica, a lo que contribuye el resto de la instrumentación y el propio ritmo de la canción. Un in crescendo guiado por la caja, que siempre desemboca en un lago en calma y termina llevándonos de nuevo a una atmósfera tranquila en la que flotamos, casi escuchando las gotas y con la única compañía de las ranas del arroyo de Bear Creek.

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